Se caracterizan por excesiva somnolencia diurna, que se manifiestan generalmente cuando se realizan actividades pasivas o monótonas como leer, mirar TV, sentado en un lugar público como sala de espera, cine o teatro, sin embargo los ataques de sueño también pueden ocurrir en situaciones como conducir, comer y hablar. 

Además de la somnolencia los pacientes se suelen quejar de sueño fragmentado por presentar frecuentes despertares nocturnos,  realizar actividades automáticas sin recordarlas; sensación de falla de memoria y atención-concentración y/o alteración del estado de ánimo.

Hay distintos tipos de hipersomnias de origen central. La más conocida es la narcolepsia.

La narcolepsia, a veces, además de presentar somnolencia diurna, se acompaña de cataplejía, que son episodios de relajación muscular con preservación de la conciencia que a veces condiciona caídas del cuello, mandíbula o de todo el cuerpo. Estos episodios de cataplejía se suelen anteceder de risa o llanto. Otros síntomas que también pueden estar presentes son las alucinaciones y/o parálisis de sueño que son la incapacidad para mover el cuerpo por unos segundos, estos fenómenos ocurren cuando se está entrando en el sueño o saliendo generalmente. 

Se debe a una alteración para mantener el alerta a pesar de dormir lo suficiente.

El diagnóstico se basa en una historia clínica, estudio de polisomnografía con oximetría seguido de un test de latencias múltiples. También se puede realizar un estudio genético de HLA y dosaje de hipocretinas.

El tratamiento se basa en una adecuada higiene del sueño, siesta programadas, estimulantes, etc.